Si convives con una persona con anorexia, o la sufres tú, seguramente te hayas preguntado si lo que ves es solo un problema con la comida. Muchas veces no lo es. La depresión y la anorexia aparecen juntas con bastante frecuencia, y entenderlo cambia la forma de pedir ayuda.
Hablamos de dos cosas distintas que se alimentan entre sí. Y ojo, que a veces cuesta saber cuál llegó primero.
Por qué la depresión y la anorexia van tan unidas

Los especialistas coinciden en que la depresión es una de las compañeras más habituales de la anorexia nerviosa.
Una psiquiatra de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental llegó a hablar de que alrededor de la mitad de los pacientes con anorexia ha tenido una depresión mayor. Otros estudios dan cifras más bajas, así que conviene tomar el dato con calma.
La relación va en los dos sentidos. Alguien con tristeza profunda o muy baja autoestima puede refugiarse en el control de la comida.
Y al revés: pasar hambre, aislarse de los amigos y vivir obsesionada con el cuerpo acaba hundiendo el ánimo de cualquiera.
Hay además un componente biológico. Comer muy poco altera el funcionamiento del cerebro, incluidas sustancias como la serotonina, que influyen en cómo nos sentimos.
Cuando la depresión se esconde detrás del hambre
Aquí está el lío. La desnutrición produce cansancio, mal sueño, irritabilidad y poca energía. Exactamente lo mismo que una depresión. Por eso a menudo esta última pasa desapercibida y se achaca todo a "la enfermedad de la comida".
Los profesionales suelen fijarse en qué ocurre cuando la persona recupera peso. Si la tristeza, la apatía o las ganas de no hacer nada siguen ahí, probablemente hay una depresión que necesita su propio tratamiento.
Señales a las que prestar atención
Ninguna sirve por sí sola, pero juntas dan pistas:
Pérdida de interés por cosas que antes gustaban. Llanto fácil o, al contrario, una frialdad rara. Aislamiento cada vez mayor. Frases del estilo "no valgo nada" o "no tiene sentido". Rituales rígidos con la comida, saltarse comidas, pesarse sin parar.
Si aparecen ideas de hacerse daño o de morir, no esperes. Llama al 112 o acude a urgencias. Cuando coinciden depresión y anorexia el riesgo es mayor, y mejor pasarse de prudente que quedarse corto.
Qué dice la ciencia sobre el tratamiento
Lo más recomendado es tratar las dos cosas a la vez, con un equipo que mire tanto la salud mental como la nutrición y la parte médica. Ir por separado suele dar peores resultados.
La psicoterapia es la base. Los fármacos, cuando se usan, funcionan como complemento y siempre bajo control médico. Sobre los antidepresivos las fuentes no se ponen de acuerdo, así que no te automediques ni dejes nada por tu cuenta. Eso lo decide quien te atiende.
Algo que me parece importante: recuperarse no es lineal. Habrá semanas buenas y otras en las que parece que se retrocede. Es normal, aunque cueste verlo cuando estás dentro.
Dónde encontrar apoyo y cómo ayudar

Tratamiento médico y psicológico es una cosa. Sentirte acompañado durante el proceso es otra, y también hace falta. Ahí entra ADANER, la Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia, una entidad sin ánimo de lucro de Madrid declarada de Utilidad Pública en 1998.
Trabaja con personas con trastornos de la conducta alimentaria, con sus familias y con las parejas, porque estos problemas afectan a toda la casa. Entre lo que ofrece están los grupos de apoyo, tanto presenciales como online, separados para afectados, familiares y parejas.
Si no sabes por dónde empezar, las charlas informativas son un buen primer paso. Son abiertas y gratuitas, y sirven para conocer la asociación, entender qué son estos trastornos, repasar el tratamiento y los recursos disponibles, y preguntar lo que quieras.
Su web también reúne información sobre recursos públicos y privados, ayudas económicas y derechos del paciente. Y si prefieres hablar con alguien, el teléfono es el 91 577 02 61.
Si es alguien cercano quien lo sufre...
No hace falta que seas experto. Escucha sin juzgar, evita comentarios sobre el cuerpo o la comida (incluidos los "positivos") y no conviertas cada comida en un campo de batalla.
Anima a pedir cita con un profesional y, si te ves desbordado, busca tu propio apoyo. Cuidarte a ti también cuenta.
Un último apunte
La depresión y la anorexia son enfermedades con tratamiento, no fallos de carácter ni caprichos. Pedir ayuda cuanto antes marca la diferencia.
Si te reconoces en lo que has leído, o reconoces a alguien, da el paso y contacta con ADANER o con tu médico de cabecera. No tienes que resolverlo solo.
Esperamos que te haya gustado este artículo sobre Depresión y anorexia: lo que debes saber.

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